El Hijo del Brujo

Viajaba como siempre de aventón, la primera noche la pase en mi hamaca en el crucero de San Blas, ahí conocí a la familia de Don Beto Parra con quienes después hice una buena amistad, era un lugar lleno de vegetación muy interesante, que entre otras cosas tenía un par de jaguares en jaulas, después me enteré que una de las actividades de Don Beto era como guía en la cacería de estos felinos, animal que posteriormente representaría algo importante en mi visión y no podía faltar la bienvenida por parte de los barrilillos, parientes de los zancudos y los jejenes, así empecé y al día siguiente me interne en la jungla y marismas de San Blas

Mi llegada al pueblo no tuvo mayor relevancia, lo recorrí recordando sitios y acontecimientos y ya me disponía a continuar mi viaje, pero nunca imaginé que al cruzar la plaza principal con la intención de dejar San Blas, tomaría una decisión que marcaría el rumbo de mi vida, ahí frente al edificio de la Presidencia Municipal estaba estacionado un camión que le llamaban el tropical y lo manejaba un personaje apodado “el Barbón”, llamó tanto mi atención que no me detuve ni siquiera a preguntar a dónde iba, simplemente me trepe, cuando inició su recorrido, salió de San Blas, y un par de kilómetros adelante tomó una desviación de terracería, era un camino totalmente rodeado de una vegetación que yo aún no identificaba y que con el tiempo tendría tanto significado en mi vida, después de un breve recorrido pasó por un caserío donde había un canal y lanchas, fue entonces que reconocí ese lugar a donde nos habíamos embarcado e iniciado años atrás un recorrido muy interesante entre la densa vegetación, el camión prosiguió y poco más adelante se detuvo para anunciar que hasta ahí llegaba, era el final del recorrido, así que brinque llevando mi costal morado del correo de Brasil al hombro en donde cargaba un par de cambios y mi hamaca, ese era mi equipaje.

El Hotel Colón

Cuando voltie a mi alrededor, a un costado había un edificio, era el llamado Hotel Colón, enfrente unas pocas casas de  madera y palma y para mi sorpresa y cuando reconocí el lugar, busqué el mar, pero la playa donde acostumbramos llegar, ya no estaba !!, solo había arena y más arena….. y entonces como llevado por un instinto camine sobre las dunas de arena hasta ver el mar y más allá descubrir lo que al parecer era un oasis, una especie de isla con palmeras que me invitaban a continuar, así llegue hasta este objetivo visual y cuando lo traspasé, descubrí un espectáculo que de inmediato me cautivó, había un grupo de chavos deslizándose sobre tablas en las olas, este espectáculo me detuvo el resto del día, se antojaba intentarlo, pero en esta ocasión solo me limité a observar y cuando decidí regresar por donde llegué, algo mas volvió a suceder al detenerme en una pequeña enramada en la que había unos 3 sujetos alrededor de una vieja mesa, me acerqué preguntando si venderían algo para tomar y comer, y me invitaron a sentarme, me ofrecieron algo e iniciaron la plática preguntándome que me traía por acá, no  hubo mucho que explicar antes que me invitaran a quedarme para “echar el chinchorro”, esperaban segun dijeron a que “durmiera la luna”, y así empezó mi aprendizaje en el arte de la pesca, me explicaron cual sería mi labor jalando la red, había que entrar por la orilla pegado a las piedras de la isla, caminar en un semicírculo para salir arrastrando los cabos sin que se juntaran las boyas y la plomada, formando una bolsa, en la cual estaría nuestra pesca, y así fue…. las sorpresas y espectáculos continuaban sucediéndose, el mar tenía una gran cantidad de partículas que en un principio no sabía que eran y se pegaban a mi piel y esta brillaba, parecía que estaba alucinando, alcanzaba a ver el movimiento en el agua de diferentes formas de vida que aún no podía reconocer, pero era muy emocionante vivirlo, me sentía realmente emocionado!. Después vino la recompensa al esfuerzo, los pescadores seleccionaron los que dijeron eran lo mejor, todo lo demás lo regresaban al mar,… y los mejores fueron “limpiados”, sacándoles las vísceras y descamándolos, para iniciar el ritual del caldo de pescado, acompañado de unas riquísimas tortillas hechas a mano, todo esto sin duda fue uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida, como para reconocer el premio al esfuerzo y confianza en las personas, en la naturaleza y en la vida. Después de esto vino el descanso y el amanecer de un nuevo día y una nueva vida, ya no supe cuando fue que olvide el destino que llevaba, pues desde entonces cada día fue lleno de lecciones, iba aprendiendo a remendar el chinchorro, ver la luna e identificar su fase y con ello la relación que guarda con las mareas, las clases de peces, sus diferencias, ciclos, reconocer los manglares y muchas plantas y sus beneficios etc., mi maestro Don Chuy, Jesus Vazquez, “El Brujo”, había llegado de Michoacán, sabiendo de la gran diversidad de plantas de esta región, pues se dedicaba a “curar”, su compañera, Dona Delfina, tenía lepra y su cura estaba decía, en la corteza de los árboles del mangle rojo, el “candelón”. Yo seguía aprendiendo. El dia que me pico por primera vez una mantarraya al estar jalando el chinchorro, yo me retorcía de dolor y Don Chuy fue a buscar el remedio, puso a asar unas hojas en las brasas y me dijo, este es el “cambule”, con esto se te quita, y efectivamente, no tardó mucho en desaparecer el dolor, esto me demostraba que estaba viviendo al lado de una persona que de verdad tenía conocimiento en muchas formas de la vida y además, lo mas importante, me había abierto no solo las puertas de su casa de madera y palapa, sino su corazón y compartía conmigo y con todos, cualquier cosa que tenía, yo sentí una gran satisfacción cuando alguien le pregunto por primera ocasión que quien era yo y el dijo,.. “mi hijo” y desde entonces me convertí en “el hijo del brujo”

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Juan Bananas

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